


“Todo arrancó el martes previo de la carrera, cuando me llegó un WhatsApp de mi viejo preguntándome si quería correr la carrera de invitados. Y claramente no lo dudé ni un segundo. Creo que mi respuesta ya la sabía antes de preguntarme. Para mí era una locura tener nuevamente la posibilidad de subirme a un auto de carrera. No tengo tanta experiencia manejando uno, pero sí tengo toda una vida adentro de un autódromo. Prácticamente nací en este ambiente, acompañando a mi viejo y a mi hermano, viendo carreras, estando en boxes, viviendo todo desde afuera. Esta vez no tuve la posibilidad de probar antes, así que salí directamente a pista sin conocerla desde adentro. La conocía millones de veces como espectadora, pero manejarla es completamente distinto. Desde el momento en que te ponés el buzo, te subís, te atás, te ponés el casco y salís a pista… la adrenalina que sentís es una locura.”.